Apuntes sobre el 1er Encuentro de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Soberano
- Revista Ciencia Propia
- 30 dic 2025
- 10 Min. de lectura
El encuentro celebrado el 11 de octubre de 2025 se propuso como un espacio de reflexión y debate colectivo sobre el presente y el futuro del sistema científico-tecnológico argentino, en un contexto de desmantelamiento y redefinición de prioridades a nivel nacional. A lo largo de la jornada participaron más de 150 personas entre estudiantes, docentes e investigadores de distintas facultades de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de La Plata, trabajadores y trabajadoras de los organismos, representaciones gremiales y sindicales, organizaciones políticas del campo nacional y popular y referentes del sector. La dinámica del encuentro incluyó una primera instancia de debate horizontal en comisiones, orientada al diagnóstico y a la identificación de desafíos estructurales, una segunda parte organizada en charlas temáticas sobre ejes estratégicos del desarrollo nacional, y un panel de cierre que permitió articular las discusiones con la coyuntura política y electoral.

Debates en Comisiones: Diagnóstico, Tensiones y Horizontes para el Sistema Científico-Tecnológico
La primera parte del encuentro se realizó durante la mañana y reunió a dos comisiones que trabajaron en paralelo sobre un mismo temario: diagnóstico del estado del sistema científico-tecnológico y sus desafíos, y una mirada estratégica hacia el futuro. A pesar de haber tenido participantes con diversidad de formaciones y lugares de trabajo, las discusiones convergieron en una serie de preocupaciones comunes, tensiones históricas y líneas de acción para una eventual reconstrucción del sector.
1. Un diagnóstico compartido: ajuste, incertidumbre y pérdida de capacidades
En ambas comisiones predominó la sensación de estar atravesando una etapa de desfinanciamiento sistemático, acompañada de un clima de incertidumbre laboral y académica que desalienta vocaciones y acelera la migración hacia el sector privado y el exterior. Se señaló especialmente la situación de organismos vinculados a la transferencia tecnológica y la articulación productiva —como el INTI— que, por su impacto directo en la matriz productiva, se convirtió en “blanco preferencial” de los ajustes.
La pérdida de capacidades no se limita a la reducción presupuestaria: implica la salida masiva de trabajadores formados, el envejecimiento de los equipos, la discontinuidad de proyectos estratégicos y la destrucción de líneas de investigación que tardaron años en consolidarse. Varias intervenciones remarcaron que la primarización económica deja al país sin herramientas para competir en tecnologías clave y sin soberanía para intervenir en cadenas de valor emergentes como la micro-nanoelectrónica, la transición energética o la bioinformática.
También se discutió el efecto de la deslegitimación discursiva, especialmente sobre las ciencias sociales. Así, se profundiza su vulnerabilidad y se erosiona la posibilidad de que cumplan un rol crítico en la formulación de políticas públicas y de construcción de conocimiento.
2. Impactos sistémicos: cuando el deterioro científico limita las políticas públicas
Las comisiones coincidieron en que la crisis del sistema CyT no es un problema del sector mismo, sino un problema de desarrollo nacional. La pérdida de capacidades reguladoras y de transferencia tecnológica afecta directamente a la industria, la salud, el ambiente, la educación y la energía.
Por otra parte, fue recurrente la idea de que sin organismos robustos que provean conocimiento, control de calidad y soluciones tecnológicas, la sociedad queda expuesta a dinámicas de mercado regresivas, aumenta la dependencia externa y los riesgos ambientales. Ejemplos concretos —como la discontinuación de convenios estratégicos con empresas que luego trasladan sus inversiones a otros países— ilustraron la pérdida de oportunidades productivas.
3. Autocrítica y deudas de los gobiernos populares
Ambas comisiones señalaron que, si bien los gobiernos nacionales y populares permitieron la mayor expansión del sistema en décadas, también dejaron tareas inconclusas. Los déficits de planificación estratégica persisten, así como las dificultades para consolidar las prioridades definidas en los planes nacionales y el escaso análisis de los fracasos o limitaciones.
Se mencionaron problemas estructurales no resueltos. Entre ellos están la fragilidad laboral de becarios y contratados, la falta de un régimen integral para apoyar la movilidad y el retorno de talentos, la inexistencia de mecanismos estables de articulación entre organismos y una cultura institucional que privilegia la lógica del paper por sobre las demandas sociales y productivas. También apareció la preocupación sobre cierto elitismo interno, que desconecta al sistema de la ciudadanía y dificulta disputar sentidos frente a la ofensiva desinformativa actual.
4. Tensiones internas: cientificismo, fragmentación y modelos en disputa
Un punto fuerte del debate fue cómo las propias dinámicas del sistema reproducen lógicas que obstaculizan su transformación:
una cultura individualista donde “cada quien investiga su tema”,
la centralidad del reconocimiento internacional como criterio dominante,
la débil presencia de criterios de pertinencia social en sistemas de evaluación,
la concentración geográfica del sistema (particularmente en torno a la UBA y los organismos de doble dependencia).
Apareció con fuerza la discusión sobre el cientificismo: la tendencia a evaluar la ciencia únicamente en función de métricas académicas, que desconectan su contribución a problemas nacionales. Varias voces señalaron que esta lógica no solo impide consolidar prioridades estratégicas, sino que también aleja a la sociedad y debilita la defensa del sector.
5. El desafío de recuperar a las juventudes
La situación de los y las jóvenes fue un tema transversal. Las comisiones coincidieron en que la carrera científica se volvió cada vez más restrictiva, larga y económicamente inviable, incluso en comparación con otras opciones laborales en el sector público o privado.
La falta de perspectiva de futuro, sumada a la ausencia de derechos laborales durante la formación, desalienta a ingresar o sostener un doctorado. Esto no solo afecta vocaciones: limita la renovación generacional y pone en riesgo la continuidad misma de áreas estratégicas. También se discutió cómo el propio sistema educativo —desde la universidad hasta los planes de estudio— se ve condicionado por estas dinámicas.
6. Mirada hacia adelante: condiciones para una política de Estado
En la discusión sobre el futuro, las comisiones identificaron condiciones políticas, institucionales y culturales necesarias para encauzar el sistema:
a. Blindaje institucional
Hubo consenso en que la CyT debe contar con mecanismos fuertes de protección para evitar que vuelva a quedar a merced del gobierno de turno. Esto implica una reforma que fortalezca la gobernanza del sistema, garantice la continuidad de proyectos estratégicos, asegure financiamiento mínimo y dé estabilidad a la planta técnica, administrativa y científica.
b. Articulación con el sector productivo y privado
Si bien se reconoció la desconfianza histórica hacia el sector privado, también se planteó la necesidad de promover su participación mediante un Estado que actúe como puente, establezca reglas claras y canalice el riesgo de la inversión en CyT. La transferencia debe pensarse en clave federal, territorial y orientada a modificar la matriz productiva.
c. Federalización real y territorialidad
Ambas comisiones reclamaron una agenda que incluya a todas las provincias, que distribuya capacidades y que reconozca a los territorios como actores de conocimiento. La desconcentración es vista como condición de soberanía y como forma de democratizar el acceso a la ciencia.
d. Comunicación pública y reconstrucción del vínculo social
Las comisiones coincidieron en que nadie defiende lo que no conoce. La comunicación científica debe dejar de ser una tarea voluntarista o secundaria: debe formar parte de la planificación estratégica del sistema para recuperar legitimidad y construir una narrativa que conecte ciencia, soberanía y bienestar.
e. Un proyecto de país explícito
Tal vez la conclusión más fuerte fue que el sistema CyT solo puede consolidarse si se inscribe en un proyecto de desarrollo nacional claro, con prioridades definidas y etapas secuenciadas. Los debates sobre energía, transición tecnológica, diversificación productiva y soberanía deben articularse con el diseño institucional y presupuestario del sector.
Ejes estratégicos para el desarrollo nacional: aportes desde la ciencia y la tecnología
La segunda parte del encuentro, realizada durante la tarde, estuvo dedicada a una serie de exposiciones organizadas en torno a ejes estratégicos del desarrollo nacional. Las charlas retomaron muchos de los problemas señalados en las comisiones, pero desde una perspectiva propositiva, mostrando cómo distintas áreas del sistema científico-tecnológico aportan —o podrían aportar— a un proyecto de país soberano, inclusivo y con capacidad de planificación de largo plazo.
Producción, industria y matriz económica
Las exposiciones sobre desarrollo agroproductivo, industrial y energético coincidieron en cuestionar el modelo primario-exportador como horizonte único de la economía argentina. Se remarcó que la productividad, la diversificación y el valor agregado dependen de capacidades tecnológicas propias y de una intervención activa del Estado en la planificación.
En el ámbito agroalimentario, se señaló que la llamada “revolución verde” permitió aumentar rendimientos, pero consolidó una estructura altamente concentrada, dependiente de insumos externos y con fuertes impactos sociales y ambientales. Frente a ello, se propuso una mirada que reconozca la diversidad de actores rurales, promueva políticas diferenciadas y articule producción, consumo, salud y ambiente como parte de un mismo sistema. Democratizar el acceso a la tierra, ordenar el uso del suelo y orientar el consumo fueron identificados como instrumentos clave de política pública.
Desde el desarrollo industrial, el sector nuclear fue presentado como un ejemplo paradigmático de política de Estado exitosa: formación sostenida de recursos humanos, autonomía tecnológica, capacidades exportadoras y articulación entre ciencia, industria y necesidades sociales, especialmente en salud y energía. Al mismo tiempo, se advirtió sobre la fragilidad institucional actual y los riesgos que implican marcos normativos recientes para la continuidad de proyectos estratégicos. La discusión se amplió hacia la necesidad de reconstruir capacidades de gobernanza, definir prioridades claras y evitar la fragmentación del sistema, especialmente en un contexto de recursos escasos.
En materia energética, el caso del litio funcionó como ejemplo de una oportunidad desaprovechada. A pesar de contar con una de las mayores dotaciones de recursos del mundo, la ausencia de una política nacional del litio derivó en un modelo extractivo con bajo retorno fiscal, escasos encadenamientos productivos y fuertes conflictos socioambientales. Las comparaciones regionales mostraron que mayores niveles de regulación y participación estatal no inhiben la producción, sino que permiten capturar renta, financiar ciencia y tecnología e impulsar procesos de industrialización.
Infraestructura, soberanía tecnológica y defensa
Las exposiciones vinculadas al sector aeroespacial, satelital y de defensa pusieron el foco en la infraestructura tecnológica como condición material de la soberanía. El desarrollo de satélites, redes de fibra óptica y capacidades de almacenamiento de datos fue presentado no solo como una política sectorial, sino como una herramienta para garantizar conectividad, reducir desigualdades territoriales y sostener un ecosistema productivo basado en el conocimiento.
En el ámbito de la defensa, se subrayó el carácter dual de muchas tecnologías —con aplicaciones civiles y militares— y el rol central del Estado como financiador, planificador y demandante. Las compras públicas, la continuidad de grandes proyectos y la conducción civil-política fortalecida aparecieron como condiciones necesarias para reconstruir un sistema hoy desarticulado, con fuga de cuadros técnicos y capacidades destruidas. También se destacó la importancia de la cooperación internacional con transferencia tecnológica, para evitar esquemas de dependencia.
Salud, ambiente y bienestar colectivo
Las charlas sobre salud mostraron con claridad cómo la ciencia y la tecnología impactan directamente en la calidad de vida. Se señaló la dependencia estructural en áreas clave como ensayos clínicos, terapias avanzadas y medicamentos de alto costo, así como la presión de los regímenes de patentes sobre los sistemas públicos de salud. En ese marco, se reivindicó la producción pública de medicamentos como herramienta de soberanía sanitaria, no solo para garantizar el acceso, sino también para establecer precios de referencia y orientar el mercado.
En el eje ambiente y cambio climático, las exposiciones enfatizaron que la crisis climática es global, pero sus impactos son desiguales. Desde el Sur global se planteó la necesidad de construir respuestas situadas que combinen mitigación y adaptación con justicia social. Se cuestionó la importación acrítica de “soluciones globales” y se propuso un ambientalismo popular que articule conocimiento científico, saberes territoriales y políticas públicas orientadas al buen vivir. La comunicación, la educación y la disputa simbólica fueron señaladas como dimensiones centrales para transformar prácticas y sentidos.
Tecnologías digitales, trabajo y democracia
Las charlas sobre software, inteligencia artificial y economía de plataformas abordaron uno de los campos de transformación más acelerados del presente. Se destacó que estas tecnologías no son neutras: reconfiguran el trabajo, producen subjetividades y concentran poder económico y simbólico en pocas corporaciones globales.
Desde las ciencias sociales y de la comunicación se subrayó la necesidad de comprender estas dinámicas para diseñar políticas laborales, regulatorias y educativas acordes a un mundo del trabajo heterogéneo y fragmentado. La precarización, el control algorítmico y la ilusión de autonomía conviven con demandas reales de flexibilidad, lo que plantea desafíos complejos para el Estado y las organizaciones colectivas.
En el caso de la inteligencia artificial, se propuso superar tanto el entusiasmo acrítico como el rechazo tecnofóbico. La clave estaría en construir capacidades propias, marcos regulatorios con enfoque de derechos humanos y procesos de alfabetización digital que permitan a la ciudadanía comprender, cuestionar y disputar las tecnologías. Las universidades públicas fueron señaladas como actores estratégicos en esta tarea.
Derechos humanos, democracia y disputa de sentidos
Finalmente, el eje de derechos humanos y democracia puso en contexto político los debates anteriores. Se analizó el avance de nuevas derechas, la polarización social y la capacidad
de ciertos discursos para transformar el malestar en esperanza reaccionaria. Frente a ello, se reivindicó el paradigma de los derechos humanos como eje de gestión política y como base para un proyecto democrático que articule igualdad, justicia social y desarrollo.
En este marco, la ciencia y la tecnología aparecieron no sólo como herramientas productivas, sino también como campos de disputa cultural y política, donde se definen sentidos sobre el futuro, el rol del Estado y la posibilidad misma de imaginar un desarrollo soberano.
Panel de Cierre
Se concluyó con una mesa integrada por referentes del campo científico-tecnológico, académico y político que permitió articular los debates desarrollados a lo largo de la jornada con los desafíos de la coyuntura electoral y la construcción de alternativas de gobierno. Participaron Adriana Serquis, doctora en Ciencias Físicas, investigadora principal del CONICET, ex presidenta de la CNEA y actual secretaria de Investigación de la Universidad Nacional de Río Negro; Lucía Cámpora, abogada y ex legisladora porteña; Mauricio Erben, decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP e investigador principal del CONICET; y Diego Hurtado, ex secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación del Ministerio de Ciencia y ex vicepresidente de la CNEA. Se desarrolló en el contexto de la campaña de las elecciones legislativas celebradas este año, en las que tanto Adriana Serquis como Lucía Cámpora resultaron electas y actualmente se desempeñan como diputadas nacionales, lo que resalta la importancia del vínculo entre la discusión horizontal sectorial y la representación política. El cierre también incluyó el saludo de Daniel Catalano, secretario general de ATE Capital, como expresión del acompañamiento del movimiento sindical a estas discusiones.
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El Encuentro puso de manifiesto que la grave crisis del sistema científico-tecnológico forma parte de un proyecto de país que prescinde del conocimiento, la planificación y la soberanía como pilares del desarrollo. Tanto el diagnóstico surgido de las comisiones como las exposiciones temáticas coincidieron en que la reconstrucción de la Argentina no podrá improvisarse cuando cambien las condiciones políticas: requiere hoy debates programáticos profundos, revisión de errores, definición de prioridades y construcción de un modelo de ciencia y tecnología articulado con un proyecto nacional. Discutir el sentido de lo que investigamos, cómo se gobierna el sistema y para qué y quiénes se produce conocimiento es una tarea urgente si se pretenden recuperar capacidades estatales y ofrecer un horizonte de futuro.
En ese camino, la organización colectiva y la unidad del campo nacional y popular aparecen como condiciones indispensables para que el tan necesario cambio de rumbo llegue en las próximas elecciones presidenciales y para limitar el daño que hoy se inflige sobre el sistema y sobre la sociedad en su conjunto. La experiencia del encuentro reafirmó el valor de sostener espacios abiertos, plurales y heterogéneos, donde la diversidad de trayectorias y miradas no sea un obstáculo sino una fortaleza para construir síntesis. Con esa convicción, la intención compartida es volver a encontrarse el año próximo para profundizar estas discusiones y seguir construyendo, desde el presente, las bases de una Argentina con ciencia, tecnología y desarrollo al servicio de su pueblo.




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